El BCP tiene siete tarjetas Visa activas en su portafolio. Todas comparten la red de descuentos y cuotas sin intereses del banco, pero se diferencian en algo concreto: la velocidad a la que acumulan millas, el nivel de asistencia en viajes y el acceso a beneficios vinculados al programa LATAM Pass. La pregunta no es cuál es mejor en abstracto, sino cuál tiene sentido para el volumen y el tipo de consumo de cada persona.
Lo que sigue es un repaso por cada tarjeta con los números que importan.
El portafolio, de menor a mayor
Lo que hay que saber sobre LATAM Pass
El programa funciona sobre una regla básica: solo acumulan millas las compras en puntos de venta físicos o virtuales. Quedan afuera las disposiciones de efectivo, traslados de deuda, consumos en casino, pagos de servicios realizados desde banca móvil o internet, débitos automáticos, pago de impuestos y servicios legales.
Además, si hay mora de más de 8 días, se pierden las millas generadas desde el noveno día hasta que se regularice el pago.
Las millas acumuladas con tarjetas BCP LATAM Pass no son acumulables con los beneficios de categorías Elite del programa ni con otras tarjetas BCP LATAM Pass. Y las tasas aeroportuarias no están cubiertas en los canjes de millas: se abonan aparte.
Para las tarjetas Infinite, el beneficio de equipaje adicional gratuito de 23 kg requiere que el número de socio LATAM Pass esté vinculado al pasaje al momento de la compra, o hasta 3 horas antes del vuelo desde la sección «Mis Viajes» en la web o app de LATAM. Si no se hace ese paso, el beneficio no se aplica y el cargo por equipaje es normal.
Cuándo tiene sentido subir de categoría
Pasar de la Clásica a cualquier tarjeta LATAM Pass tiene lógica si el consumo mensual en comercios es constante y hay al menos uno o dos viajes al año: las millas acumuladas pueden cubrir parcial o totalmente el costo de un pasaje.
El salto a las Infinite —Sapphire o Iridium— tiene sentido cuando los viajes son frecuentes y se usan aeropuertos internacionales con regularidad. El Priority Pass solo justifica el costo si se usa: una sala VIP en el exterior puede valer entre 30 y 60 dólares por persona. Con el nivel de consumo requerido para estas tarjetas, el beneficio puede amortizarse rápido.
Lo que no conviene es subir de categoría por los bonos de bienvenida si no se va a mantener el consumo necesario para renovar los beneficios. En ese caso, la tarjeta pierde su valor diferencial y queda como un costo de membresía sin contrapartida real.
