Hay reencuentros que no necesitan demasiada explicación. Este viernes, Paul McCartney y Ringo Starr —los dos Beatles que el tiempo no logró separar del todo— lanzaron juntos Home To Us, un sencillo que ya suena a algo más que una simple colaboración. Los acompañan en los coros Chrissie Hynde (The Pretenders) y Sharleen Spiteri (Texas), dos voces que le sientan al tema como un guante.
La canción es apenas el primer vistazo a The Boys of Dungeon Lane, el nuevo álbum de McCartney que llega el 29 de mayo. Es su decimoctavo disco en solitario y, según todo indica, el más personal de todos: un viaje de regreso a Liverpool, a la infancia, a las calles que lo formaron antes de que el mundo supiera su nombre.
No es la primera señal de vida del proyecto. En marzo, Sir Paul —83 años, energía intacta— ya había presentado Days We Left Behind, un corte que captura a la perfección el tono del disco: nostálgico, íntimo, sin artificios. Cinco años pasaron desde su último trabajo, y este regreso no tiene nada de rutinario.
Entre los catorce temas que conforman el álbum hay recuerdos del barrio de Speke donde se crió, aventuras juveniles junto a John Lennon y George Harrison, y algo que pocas veces se ve en un músico de su calibre: vulnerabilidad real. Su propia discográfica lo describe como un Paul «en un estado de ánimo sincero y profundamente reflexivo, escribiendo con una franqueza poco habitual sobre su infancia». Él mismo lo resume con una sencillez que desarma: «No teníamos mucho en absoluto, pero no importaba. Todo el mundo era estupendo y no te dabas cuenta».
La canción que da título al disco tiene historia propia. Dungeon Lane es una calle de Liverpool que McCartney recorría de niño, libro de aves en mano, entre bares llenos de humo y la vida sencilla de quien todavía no sabe que va a cambiar la música para siempre.
Y mientras McCartney mira hacia atrás, Ringo tampoco se queda quieto: el mes pasado publicó Long Long Road, su propio álbum solista, con Billy Strings, Sheryl Crow y St. Vincent como compañeros de viaje. Dos Beatles, dos discos, un mismo impulso de seguir haciendo lo que mejor saben hacer.