Naftali Bennett, ex primer ministro israelí de 54 años, abogado de origen ortodoxo reconvertido en empresario tecnológico y político de ultraderecha, vuelve a la primera línea con un objetivo declarado: terminar con los treinta años de Netanyahu. Lo hace de la mano de Yair Lapid, periodista y presentador de televisión de 62 años que nunca estudió en la universidad y que construyó su carrera política sobre una imagen de sentido común alejada de las élites religiosas y militares. Juntos conforman la coalición Beyachad —»Juntos», en hebreo—, repitiendo la fórmula que en 2021 logró apartar brevemente al líder del Likud del poder. La alianza une a dos figuras ideológicamente distantes —uno ultranacionalista, el otro centrista y laico—, pero con un denominador común suficientemente potente para sostenerla: el deseo compartido de cerrar la era Netanyahu.
La coalición busca sumar a Gabi Eisenkot, general retirado de 64 años que comandó las Fuerzas de Defensa de Israel entre 2015 y 2019 y que tiene reputación de pragmático y moderado dentro del establishment militar. Su incorporación, según los sondeos, daría a Beyachad capacidad real de superar al Likud en las urnas. Eisenkot no formalizó aún su adhesión, pero recibió el anuncio con entusiasmo y se refirió públicamente a Bennett y Lapid como «socios» en la búsqueda del «cambio que Israel necesita». Llegar al gobierno, de todos modos, requerirá alcanzar los 61 escaños en la Knéset, lo que obligará a nuevos pactos tras las elecciones, que deben celebrarse antes de octubre.
Bennett marcó desde el inicio una diferencia respecto a su gestión anterior: no buscará acuerdos con partidos árabes. En 2021 esa alianza fue inédita e imprescindible para formar gobierno; esta vez, el ex primer ministro descartó esa vía y se pronunció en favor de un «gobierno sionista», en un mensaje que también funciona como señal clara contra cualquier avance hacia un Estado palestino.
Netanyahu y la fatiga de guerra
El contexto en que se libra esta batalla electoral es inédito. Israel lleva más de dos años en situación de guerra y sin haber resuelto las amenazas de Hamás, Hizbolá ni Irán. Analistas cercanos al propio Netanyahu, como Amit Segal, periodista político del diario Israel Hayom y uno de los comentaristas más influyentes del espacio de centroderecha israelí, reconocen que existe «fatiga» en la sociedad, en particular entre los votantes del Likud, que esperaban que la operación «Rugido del León» —la campaña militar lanzada junto a Estados Unidos contra Irán— fuera la última ronda. La reapertura del frente libanés, que se creía cerrado, agravó ese malestar.
Benjamín Netanyahu, de 77 años, abogado formado en Estados Unidos, líder del partido Likud desde los años noventa e israelí más longevo en el cargo de primer ministro, llega a esta campaña cargando con el peso del 7 de octubre. Desde aquel sábado negro, mantiene bloqueada la investigación sobre los fallos de seguridad de ese día, gestiona una operación en Gaza bajo investigación internacional por genocidio, avanza en la ocupación de Cisjordania y sostiene el blindaje de los jóvenes ultraortodoxos frente al servicio militar obligatorio, en un momento en que el Ejército acusa el desgaste de años de conflicto.
Pese a todo, Netanyahu sigue siendo una figura difícil de dar por vencida. Fue el primer primer ministro nacido en Israel, el más joven en llegar al cargo, el que más años acumula en el poder —superando al mítico David Ben Gurion— y el primer jefe de Estado en activo en comparecer ante la justicia por casos de corrupción. Siempre se ha declarado inocente y ha calificado los procesos en su contra como «una caza de brujas». Donald Trump llegó incluso a pedir para él un indulto presidencial.
Su estrategia de campaña es conocida y ha funcionado hasta ahora: «Yo o el caos». La pregunta que recorre los medios israelíes es si esa fórmula volverá a ser suficiente.
Seis meses para decidi
Faltan como máximo seis meses para las elecciones. Netanyahu compite por su supervivencia política con la justicia como telón de fondo permanente y busca el respaldo popular que le permita continuar gobernando a los 77 años, edad a la que solo Ben Gurion —fundador del Estado de Israel y su primer jefe de gobierno— y Ariel Sharon —el general que ordenó la retirada de Gaza en 2005— lograron mantenerse en el poder. Bennett, por su parte, sabe que el tiempo corre y que la ventana para capitalizar el cansancio con el «rey Bibi» es estrecha. La coalición Beyachad nació para no desperdiciarla.
