Un año después de su elección, el papa León XIV demostró este viernes que su pontificado está hecho de gestos concretos y de una fe que se pone en movimiento. El primer papa estadounidense de la historia conmemoró el aniversario de su elección no con actos protocolares en el Vaticano, sino recorriendo el sur de Italia en una jornada pastoral que reunió a decenas de miles de fieles en Pompeya y Nápoles.
El pontífice, de 70 años, llegó poco antes de las 9:00 hora local al santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, uno de los centros marianos más importantes del catolicismo. Allí rezó en silencio ante el féretro de cristal que contiene los restos de Bartolo Longo —el hombre que pasó del satanismo a convertirse en uno de los grandes renovadores de la fe católica en Italia, y a quien el propio León XIV canonizó en octubre pasado— y presidió una misa ante una multitud emocionada.
La elección del lugar no fue casual. El día de su elección, el 8 de mayo de 2025, León XIV mencionó a la Virgen del Rosario de Pompeya en su primer discurso desde el balcón de la basílica de San Pedro, un detalle que los fieles del santuario no han olvidado. El vínculo se profundiza con la historia: León XIII, el papa del siglo XIX cuyo nombre adoptó el actual pontífice en reconocimiento a su defensa de los trabajadores, declaró el santuario basílica pontificia en 1901.
Entre la multitud que aguardaba su llegada estaba Nicoletta Barbato, voluntaria de 51 años que trabaja con familias vulnerables de la zona. Acudió con una bebé de cinco meses en brazos. «La esperanza es que la bendiga», dijo con la voz entrecortada, mientras se abría paso entre la gente para estar lo más cerca posible del papa. A pocos metros, Salvatore Pepe, vecino de toda la vida, observaba el operativo con una sonrisa: «Vivo a 50 metros de la plaza. Puedo sacar la cabeza por la ventana y ya lo veo».
Tras la ceremonia, León XIV viajó en helicóptero hasta Nápoles, donde visitó el histórico Duomo para venerar las reliquias de San Genaro, patrono de la ciudad. Pronunció un discurso en la catedral, saludó a la multitud congregada en la Piazza del Plebiscito —una de las plazas más grandes de Italia— y ofreció un último mensaje en la basílica de San Francisco de Paula antes de concluir la jornada. En cada tramo del recorrido urbano, León XIV eligió el papamóvil para acercarse a la gente, fiel a su estilo de pontificado cercano y sin distancias innecesarias.
La visita inaugura una serie de viajes pastorales cortos dentro de Italia previstos para este verano europeo, y llega apenas dos semanas después de una exigente gira por cuatro países africanos que puso de manifiesto la energía y la convicción misionera del pontífice. Todo ello en medio de las tensiones diplomáticas con Washington, generadas por la postura pública y sin ambigüedades de León XIV contra la guerra: una voz incómoda para el poder, pero cada vez más escuchada en el mundo.
Con esta jornada, León XIV no solo honra un año de pontificado, sino que confirma el rumbo: un papado que sale al encuentro de los más sencillos, que no rehúye los conflictos del tiempo presente y que encuentra en la tradición católica más profunda el impulso para renovarla.