«Project Hail Mary» lo logra: hacerte llorar por un ser que no tiene cara, no tiene voz y no es de este mundo.

Un hombre solo, una nave a la deriva y una amistad imposible con un alienígena sin cara. Suena raro. Funciona de manera extraordinaria.

Hay películas que te cambian el estado de ánimo por dos días. Project Hail Mary es una de esas.

Salí del cine con una mezcla rara de euforia y melancolía, esa combinación que solo te dan las obras que realmente te tocan algo. Caminé media cuadra sin decir nada. El amigo que me acompañó tampoco dijo nada. Después arrancamos a hablar y no paramos. Eso es lo que hace una gran película: te da tema. Te deja cosas adentro que necesitás procesar con alguien.

Voy a tratar de ser ordenada, pero no te prometo nada.

Ryland Grace —así se llama el personaje de Ryan Gosling— se despierta en una nave espacial sin recordar quién es. Sus dos compañeros de tripulación llevan muertos un tiempo. Está solo, a años luz de la Tierra, con una misión que tampoco recuerda del todo. A medida que los flashbacks van armando el rompecabezas, entendemos cómo llegó ahí: hay algo que está apagando el sol, una sustancia alienígena llamada Astrophage que consume energía estelar y está dejando al sistema solar sin luz. Grace es la última carta que jugó la humanidad.

Todo eso suena muy serio. Y hay momentos en que lo es. Pero Phil Lord y Christopher Miller —el dúo detrás de La Gran Aventura LEGO, de las dos Jump Street, de Spider-Man: Un Nuevo Universo— entienden algo que pocos directores de ciencia ficción saben: el humor no le quita peso a una historia. Se lo da. Cuando uno se ríe en medio de una situación desesperada, la situación se vuelve más real, no menos. Grace se pasa la película haciendo chistes malos mientras intenta no morir. Y uno lo quiere más por eso, no menos.

Ryan Gosling lleva años siendo uno de los mejores actores de su generación y el mundo todavía no termina de procesarlo del todo. Acá lo hace de nuevo, pero más. Su Grace es torpe, gracioso, genuinamente asustado y genuinamente brillante al mismo tiempo. Hay una secuencia en la que resuelve un problema de física a pura intuición y celebra solo, como un nerd de 14 años que acaba de sacar diez en un examen, y es uno de los momentos más entrañables que recuerdo haber visto en una sala de cine en mucho tiempo. No hay nada calculado en esa actuación. O si lo hay, no se nota, que es lo mismo.

Pero la película tiene un secreto. Aparece cerca de la mitad del metraje y no voy a spoilear nada, así que solo digo esto: hay otro personaje. Se llama Rocky. No es humano. No tiene cara. No habla ningún idioma conocido. Y sin embargo, para cuando termina la película, es posible que sea el ser —de cualquier especie— con el que más empatía hayas sentido en lo que va del año.

Lo que Lord y Miller lograron con Rocky es casi inexplicable. Es diseño de criatura, sí, y es notable. Es animación, también, y es extraordinaria. Pero sobre todo es escritura. Es saber construir una relación entre dos seres que no comparten absolutamente nada —ni biología, ni planeta, ni forma de comunicarse— y hacer que esa relación se sienta más real que la mayoría de las amistades que el cine nos ha mostrado en los últimos diez años. La amistad entre Grace y Rocky no se explica. Se construye, despacio, escena por escena, con paciencia y con una ternura que nunca cae en la trampa de lo sentimental barato.

Greig Fraser —el mismo director de fotografía de Dune y El Batman— filma el espacio con una belleza que corta la respiración. Hay planos en esta película que son, literalmente, obras de arte. Y la música de Daniel Pemberton acompaña sin imponerse, que es exactamente lo que tiene que hacer una buena banda sonora.

¿Tiene defectos? Sí. Con 156 minutos, hay un tramo en el segundo acto donde el ritmo cede un poco. Y hay un par de escenas de flashback que duran más de lo necesario. Son objeciones menores. No cambian lo que la película es en su totalidad.

Lo que sí quiero decir, porque me parece importante: Project Hail Mary es una película que cree en la ciencia. Que cree en la curiosidad. Que cree en que dos seres completamente distintos pueden encontrar la manera de entenderse si se esfuerzan lo suficiente. En el momento en que vivimos, con todo lo que está pasando en el mundo, eso no es un detalle menor. Es casi un acto político hacer una película sobre la colaboración, sobre la humildad intelectual, sobre la idea de que el conocimiento compartido puede salvar vidas —o planetas.

No sé si es la mejor película del año. Todavía queda mucho año. Pero sé que cuando llegue diciembre y haga el balance, esta va a estar en la lista. Y sé que Rocky va a seguir viviendo en mi cabeza un tiempo más.

Merecen verla en el cine. En la pantalla más grande que encuentren. Con el volumen al máximo.

Veredicto

Project Hail Mary — Una amistad imposible que redescubre para qué existe el cine grande

«Gosling hace aquí quizás el mejor trabajo de su carrera. Y Rocky —un alienígena sin cara, sin voz reconocible, sin nada humano— termina siendo uno de los personajes más queribles que el cine de ciencia ficción ha dado en años. Una película que apuesta por la inteligencia del espectador y gana.»


5 / 5
Ciencia ficción Aventura 2026

Dirección: Phil Lord & Christopher Miller  ·  Elenco: Ryan Gosling, Sandra Hüller, James Ortiz, Lionel Boyce, Ken Leung  ·  Guion: Drew Goddard  ·  Duración: 156 min

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