La semana pasada, luego de la victoria de Argentina sobre Egipto, la selección argentina de fútbol y Lionel Messi fueron el foco de ataques digitales en redes sociales a través de campañas anti-Argentina y anti-Messi. En estas plataformas circularon contenidos, provenientes de otros países, que sostenían narrativas basadas en acusaciones no comprobadas sobre el arbitraje, el VAR y un supuesto trato preferencial de la FIFA.
Durante la misma noche, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) sufría un ciberataque, donde hackers egipcios vulneraron una cuenta institucional de AFA Medios e iniciaron el envío de correos falsos a periodistas, denunciando un supuesto robo arbitral y amenazando con que no habría «paz en sus redes».
Hoy en día, las campañas de contrainteligencia y los ciberataques son cada vez más frecuentes en las guerras digitales. Su objetivo principal es erosionar la legitimidad de personas o instituciones, tal como ocurrió con la selección albiceleste. Sin embargo, todavía existe una vasta brecha de conocimiento en el ciudadano común sobre estas amenazas. Como resultado, solemos reducir conceptos complejos como hackers, inteligencia o contrainteligencia a un simple «espionaje».
Es vital iluminar nuestro universo simbólico a través de la educación constante y, por esta razón, entrevistamos a Lucía Brogiolo, politóloga y licenciada en Relaciones Internacionales; máster en Análisis de Inteligencia de la Rey Juan Carlos y la Universidad Carlos III de Madrid, España; además está certificada como analista político internacional por el LISA Institute. Brogiolo es la profesional indicada para ayudarnos a comprender las complejas dinámicas en el intrigante mundo de la inteligencia.
— Lucía, en la opinión pública todavía existe la idea de que la inteligencia se limita al espionaje. ¿Qué es realmente la inteligencia y cómo explicaría, en un lenguaje sencillo, qué es la contrainteligencia y cuál es su función hoy en el mundo digital?
— En la opinión pública suele pensarse que inteligencia es sinónimo de espionaje, pero en realidad es un proceso sistemático de planificación, obtención, análisis de información y datos para la producción de conocimiento útil, con el objetivo de anticipar riesgos y apoyar en la toma de decisiones. En Argentina, la Ley 25.520 establece el marco jurídico básico del sistema de inteligencia nacional.
La contrainteligencia cumple una función complementaria: buscar detectar, prevenir y neutralizar intentos de infiltración, engaño, manipulación o interferencia contra personas, instituciones, empresas o intereses estratégicos. En el ámbito digital, esta función se traslada a la disputa no solo por los datos, sino también por las percepciones, reputación y credibilidad, y requiere de la protección frente a campañas coordinadas, suplantaciones, bots, filtraciones y operaciones de influencia.
En las redes sociales, esa disputa se vuelve especialmente visible. En los últimos tiempos se ha hablado de una posible campaña coordinada contra Lionel Messi, y más allá de las interpretaciones políticas o deportivas, el fenómeno permite observar un problema más amplio: la dificultad para distinguir entre una crítica genuina y una estrategia artificial de amplificación. Cuando miles de comentarios repiten casi las mismas frases, se publican en lapsos muy cortos y provienen de cuentas con poca actividad o creación reciente, no significa automáticamente que exista una operación organizada. Pero sí aparecen señales que, desde una mirada de inteligencia estratégica, merecen atención.
— ¿Cuáles fueron las señales más obvias para detectar la campaña Anti-Messi?
— Las señales más visibles suelen ser la repetición masiva de mensajes, la sincronización temporal de comentarios, cuentas con actividad reciente o muy baja y narrativas casi idénticas que se replican en distintos perfiles. Esas señales no prueban por sí solas una operación, pero sí son indicios que, desde una mirada de inteligencia estratégica, justifican un análisis más detallado.
La disputa comienza en redes sociales, donde la presencia de cuentas poco auténticas, mensajes reiterativos y patrones de amplificación puede contribuir a instalar narrativas hostiles contra la selección argentina y contra Messi como activo simbólico del país. A partir de allí, esas narrativas pueden desbordar el espacio digital y trasladarse al plano social, algo que muchos argentinos que emigramos lo experimentamos en nuestra vida cotidiana.
— ¿Qué diferencia existe entre una crítica genuina de miles de personas y una campaña artificial?
— La diferencia entre una conversación espontánea y una campaña coordinada está, justamente, en los patrones. Una crítica genuina suele mostrar diversidad: distintos tonos, redacción, argumentos, tiempos y perfiles. En cambio, una campaña artificial tiende a concentrar mensajes similares, a sincronizar publicaciones y a usar cuentas en ventanas temporales estrechas y con perfiles poco creíbles o de uso instrumental.
— ¿Qué indicadores utilizó la inteligencia estratégica para detectar una campaña organizada?
— La inteligencia estratégica suele observar indicadores como volumen anómalo de interacción, repetición léxica, patrones de coordinación temporal, redes de cuentas conectadas, origen aparente del tráfico y consistencia narrativa. También analiza si el fenómeno es aislado o si se integra en un patrón más amplio de influencia o presión reputacional
— Desmenuzando este tipo de campañas, podríamos hablar de los bots. ¿Qué son y cómo funcionan? ¿Todas las cuentas falsas son bots?
— Un bot es una cuenta o programa automatizado que puede publicar o interactuar sin intervención humana constante; pero no todas las cuentas falsas son bots. También existen cuentas gestionadas por personas reales, perfiles falsos «humanizados» o estructuras mixtas donde el contenido surge de la automatización y la acción manual que se combinan.
Por eso, el análisis no debe centrarse en un solo indicador, sino en el conjunto, porque el problema no es sólo técnico, sino organizacional y estratégico.
— ¿Quiénes suelen financiar o promover este tipo de operaciones?
Este tipo de campañas puede ser promovido por actores muy diversos: grupos políticos, militantes coordinados, consultoras de influencia, redes de propaganda, simpatizantes organizados o incluso actores estatales y paraestatales. En todos los casos, el objetivo es similar: instalar una narrativa, erosionar una reputación o amplificar una idea hasta hacerla parecer más extendida de lo que realmente es. En el caso de figuras como Messi, el componente simbólico es central. No se trata solo de un deportista, sino de un activo reputacional de alcance global, identificado con la cultura argentina y capaz de condensar orgullo nacional, pertenencia e imagen país.
Esa dimensión simbólica ayuda a entender por qué los ataques digitales no siempre se quedan en la pantalla. En ocasiones, la hostilidad que circula en redes puede alimentar un clima más amplio de desprecio, burla o deslegitimación hacia la Argentina, su selección o sus representantes. No es correcto afirmar una relación causal directa entre lo que ocurre en redes y las agresiones en la vida cotidiana, pero sí puede sostenerse que ambos fenómenos forman parte de un mismo ecosistema de influencia, donde las narrativas digitales terminan condicionando percepciones sociales más amplias.
En cuanto a la evidencia para atribuir financiamiento suele requerir un análisis técnico y contextual más profundo.
Ciberataque a la AFA: el peligro oculto que amenaza al fútbol argentino
— A raíz del ciberataque atribuido a actores vinculados con Egipto, ¿Cómo comienza una investigación de este tipo y qué evidencias digitales buscan los especialistas?
— Ese mismo ecosistema se expresa también en el plano cibernético. El ciberataque sufrido por la AFA tras el partido con Egipto mostró que las disputas reputacionales pueden escalar hacia un nivel institucional. En estos casos, una investigación comienza por preservar la evidencia: correos, registros de acceso, direcciones IP, metadatos, trazas de servidores, horarios de actividad y posibles indicadores de compromiso. También se analizan los mensajes difundidos, la infraestructura utilizada y los patrones de comportamiento de los atacantes. Pero atribuir un ciberataque no es sencillo. Que una conexión parezca venir de cierto país o que un mensaje esté redactado en determinado idioma no basta para sostener una atribución firme. Los atacantes pueden ocultar su origen mediante VPN, proxies, servidores intermedios o cuentas comprometidas.
Una VPN, o red privada virtual, es una herramienta que cifra la conexión del usuario y hace que su tráfico parezca salir desde otra ubicación. En términos simples, sirve para proteger la privacidad o ubicación y ocultar parte del rastro digital. Sin embargo, esa misma tecnología también puede ser usada por atacantes para dificultar su identificación. Por eso, en ciberseguridad la atribución exige combinar evidencia técnica con análisis de contexto e inteligencia estratégica. Rara vez se llega a una certeza absoluta; con frecuencia se trabaja con niveles de probabilidad sustentados en múltiples indicios.
— Descubrieron rápidamente que el origen del ataque era desde Egipto pero ¿qué tan complejo es atribuir un ciberataque a un grupo o una persona?
— Atribuir un ciberataque a una persona o grupo es complejo porque una IP, un idioma o una firma no bastan por sí solos. Los atacantes pueden usar VPN, infraestructura alquilada, proxies, cuentas comprometidas o servidores intermedios; por eso, la atribución seria combina evidencia técnica, inteligencia de contexto y patrones de conducta, y aun así puede quedar en un nivel de alta probabilidad, no de certeza absoluta.
Ciberseguridad: cómo proteger a las federaciones de los ciberataques
— ¿Qué impacto puede tener un ciberataque exitoso sobre una federación deportiva o una selección nacional?
Desde una perspectiva más amplia, el caso de la AFA demuestra que un ciberataque exitoso puede tener consecuencias que van mucho más allá de lo técnico. Puede afectar la continuidad operativa, filtrar información sensible, comprometer comunicaciones institucionales y dañar la reputación de una federación deportiva o de una selección nacional. En un escenario de alta exposición mediática, incluso un incidente breve puede convertirse en una crisis de imagen. Por eso, la ciberseguridad ya no debe pensarse como un asunto accesorio, sino como una condición básica de resguardo institucional.
— Desde tu perspectiva, ¿Qué tan preparadas están las federaciones deportivas en América Latina frente a estas amenazas y cuáles deberían ser las medidas básicas de protección?
— En América Latina, la preparación frente a estas amenazas sigue presentando capacidades desiguales de protección, con baja madurez en gestión de incidentes, segmentación de accesos, entrenamiento del personal y respuesta coordinada.
Muchas federaciones y organizaciones deportivas aún carecen de protocolos maduros de prevención y respuesta. Las medidas mínimas deberían incluir autenticación multifactor, control estricto de accesos, copias de respaldo, capacitación del personal, monitoreo continuo, protocolos de respuesta ante incidentes, capacitación periódica y una política clara de gestión de credenciales y comunicaciones. La tecnología es importante, pero no suficiente: también hace falta cultura organizacional, disciplina operativa y comprensión del riesgo.
A esto se suma otra limitación: las plataformas digitales todavía tienen serios obstáculos para detectar comportamientos coordinados de forma fiable. El volumen masivo de contenido, la velocidad de circulación, la ambigüedad del lenguaje y la combinación entre automatización y actividad humana dificultan la identificación temprana de campañas de influencia. En muchos casos, las plataformas detectan tarde o reaccionan de manera parcial, lo que permite que la narrativa ya haya circulado antes de ser contenida.
Algoritmos y desinformación: cómo detectar campañas de manipulación digital
— ¿Las plataformas están realmente preparadas para detectar estas campañas o todavía existen importantes limitaciones para identificar comportamientos coordinados?
— Sí, tienen capacidad técnica para detectar parte de estos patrones, pero siguen existiendo limitaciones importantes: volumen masivo de contenido, lenguaje ambiguo, cuentas híbridas, automatización distribuida y coordinación manual difícil de distinguir de la actividad genuina. Además, los incentivos algorítmicos pueden amplificar primero lo viral y revisar después lo auténtico.
El rol de la sociedad: cómo detectar campañas de manipulación
— Para quienes nos están leyendo, ¿cuáles son las señales más simples que cualquier ciudadano puede observar para detectar que podría estar frente a una campaña coordinada de desinformación o influencia?
— En este contexto, la sociedad también tiene un papel clave. Cualquier ciudadano puede observar señales básicas para sospechar de una campaña coordinada: mensajes casi idénticos repetidos muchas veces, cuentas recién creadas, perfiles sin historia, picos inusuales de actividad y discusiones que parecen más orientadas a provocar que a debatir. No hace falta ser especialista para notar que algo no encaja o es inusual.
La regla práctica es mirar el conjunto: cuando muchos indicios coinciden, conviene desconfiar de la aparente espontaneidad.
Finalmente, conviene incorporar una lectura institucional más amplia. El programa de inteligencia argentino 2025 marca una novedad relevante porque introduce, al menos en el plano formal, una mayor centralidad del sistema de inteligencia en un entorno donde las amenazas ya no son solo clásicas, sino también digitales, reputacionales y cognitivas. Su valor no reside únicamente en el texto normativo, sino en la posibilidad de pensar la inteligencia como una función estratégica del Estado orientada a proteger intereses nacionales en un contexto de mayor complejidad. En ese sentido, el desafío no es solo contar con normas, sino construir capacidades reales para anticipar, detectar y responder a amenazas híbridas.
Estos casos nos llevan a aprender como sociedad lo siguiente: la manipulación contemporánea no siempre adopta la forma de un mensaje único y evidente. A veces se presenta como una multitud aparente, como una coincidencia sospechosa o como una hostilidad que parece surgir de la nada. Entender cómo funcionan esos mecanismos es una forma de defensa democrática. Y en la era digital, esa defensa depende tanto de la tecnología como de la cultura de inteligencia de una sociedad, su pensamiento crítico y la alfabetización digital.