viernes, julio 17, 2026

«Soy gay, no queer»: la advertencia de una columna en «The New York Times» que sacude al activismo LGBTQ+

por Redacción Diario El Gobierno

Once años después de que Estados Unidos legalizara el matrimonio igualitario en todo su territorio, un ensayo publicado en The New York Times vuelve a encender el debate dentro de la comunidad homosexual y, con él, una pregunta incómoda que muchos preferían no formular en voz alta: ¿el giro radical del activismo terminó por debilitar los derechos que tanto costó conquistar?

La columna, titulada «I’m Gay, Not Queer. It Matters.» («Soy gay, no queer. Y eso importa»), lleva la firma de Matthew Vines, autor del libro God and the Gay Christian y fundador de The Reformation Project, una organización de origen protestante que promueve la aceptación de las relaciones entre personas del mismo sexo dentro de la la vida espiritual. Vines no escribe desde la vereda conservadora: está casado con otro hombre desde hace cuatro años y ha dedicado su vida a defender la igualdad. Ese detalle desarma buena parte de las respuestas fáciles a su advertencia.

El punto central de su argumento es una distinción que el discurso progresista ha ido borrando: las palabras «gay» y «queer» no significan lo mismo. Vines sostiene que «gay» describe una orientación que no se elige ni se cambia, mientras que «queer» carga una connotación de rebeldía deliberada contra las normas sociales. Citando al teórico David Halperin ―investigador estadounidense de estudios de género, teoría queer―, recuerda que lo queer se define, por diseño, como todo aquello que se opone a lo normal, lo legítimo y lo dominante. Bajo esa lógica, señala, casi cualquier persona puede reclamar la etiqueta: «¿Poliamoroso? Queer. ¿Vagamente incómodo con las expectativas de género? Posiblemente, también».

Ahí reside el peligro que Vines identifica. Cuando la identidad homosexual queda subsumida bajo el paraguas elástico de lo queer, se erosiona la premisa que hizo posible el avance de los derechos civiles: que la orientación sexual no es una decisión ideológica ni una postura estética, sino un rasgo humano tan legítimo como cualquier otro. Las cifras que cita respaldan su inquietud. El apoyo republicano al matrimonio igualitario cayó 18 puntos porcentuales desde 2022, y crece la proporción de estadounidenses que dudan de que las personas nazcan homosexuales.

El problema que describe Vines trasciende la semántica. Cuando el activismo más radical convierte una característica personal en una militancia obligatoria —en un frente de combate permanente donde cada individuo debe rendir cuentas a una identidad grupal que no eligió—, la persona deja de ser protegida para ser instrumentalizada. La libertad de nombrarse a uno mismo choca así contra la presión por encajar en un molde colectivo que no admite matices ni disidencia interna.

El propio Vines lo formula sin rodeos en sus redes: el proyecto ideológico de «queerizar» la sociedad es, a su juicio, un callejón sin salida que, lejos de ayudar, socava el respaldo hacia las personas homosexuales y bisexuales. Su llamado es a que la mayoría silenciosa que no comparte esa visión radical se atreva a decirlo. «Cuando te posicionas contra las normas sociales simplemente porque son normas», escribe, «estás pidiendo una reacción en contra».

La respuesta no se hizo esperar. Medios y activistas progresistas lo acusaron de estigmatizar a quienes reivindican el término queer y de dividir a la comunidad en un momento de «retroceso político». Pero, en la lectura de Vines, confunden el respeto por la elección individual —cada quien es libre de nombrarse como prefiera— con la imposición de un molde único que castiga con el silenciamiento a quien se aparta.

Vines lo resume en una frase que sintetiza el corazón de su tesis: no hay nada inherentemente radical ni subversivo en ser gay. Es, simplemente, una manera más de vivir una vida ordinaria, tan digna como cualquier otra. Recuperar esa claridad —la del individuo antes que la etiqueta militante— quizá sea, para el autor, la mejor defensa de unos derechos que hoy vuelven a sentirse vulnerables.

You may also like